Antiguas leyendas y cuentos hablan de este ser mitológico. Los mitos cuentan que este espíritu es la representación de la fauna y la flora del planeta, la madre de la Tierra y, como tal, es la encargada de controlar los ciclos de la vida y la muerte.

Su presencia en las religiones y cultos, se halla más extendida por Cypango y los cultos tribales de Indira, puesto que son lugares con flora y fauna más exuberante a diferencia de Hecypgia y Rakalia, que a pesar de ello, tienen muy presente a la que muchas culturas conocen como la Madre. Se le venera en tiempos de cosecha y en momentos peligrosos como enfermedades y embarazos. En situaciones de catástrofes, algunas culturas llegan a ofrecer por ella, sacrificios.

Uno de los numerosos poderes de este espíritu es el de adoptar una forma física, aunque evita hacerlo con demasiada frecuencia, puesto que desestabiliza el equilibrio natural de los ecosistemas. Su forma física es fija, aunque conoce conjuros que le permiten cambiar de forma.

Dicha forma física se le ve como un ser humanoide de colosales proporciones. Elaya se presenta con un cuerpo de aspecto rocoso, que se halla fragmentado, con parcelas en cada parte de su cuerpo, que recrean diferentes ecosistemas, tales como un bosque atravesado por un río, un desierto, un glaciar, una selva, etc. Por desgracia los maltratos de los últimos años a la naturaleza, han afectado de forma notable al cuerpo de la Madre. La mitad derecha de su rostro tiene un aspecto cenizo, igual que un bosque devorado por las llamas. Esta marca es consecuencia directa del deterioro del planeta a manos de la Felinidad.

A pesar de este irreparable daño, Elaya no guarda rencor a los felinos por su irresponsable crecimiento, sino que siente una profunda decepción, por el potencial que tienen y lo mucho que lo han corrompido. Se siente como una madre se sentiría por unos hijos irresponsables y desagradecidos.

Las heridas crecientes, no frenan su determinación para proteger la vida en la Tierra, y todos los felinos que la veneren con devoción, reciben su bendición y poder para poder seguir la labor de la Madre en la Tierra.

Algunos felinos de gran poder y gran devoción por ella, pueden invocar su presencia física en la Tierra, aunque es algo que requiere un gran sacrificio de energía y vida.

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